Pedagogía v/s Covid-19

Tiempos oscuros…


No había tenido la experiencia de vivir algo así. Probablemente gente mayor podría ayudarme a hacer memoria sobre momentos de aislamiento social y sanitario tan fuertes como el actual pero para mí esto es una situación muy nueva y extremadamente rara, la cual sin duda está afectando profunda y directamente a la educación que es mi área de trabajo. Este escrito no busca dar respuestas, sino tratar de reflejar pareceres muy personales frente a esta peculiar experiencia pedagógica que ha sido el tener que tratar de realizar clase a niños entre 6 y 18 años de manera remota.

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Lo primero que me gustaría decir es que al menos a mi parecer, las clases “online” si funcionan. Dudo que esta sea una opinión popular pero creo haber logrado utilizar las herramientas que están a mi alcance de manera lo suficientemente correctas como para decir que si es posible trabajar de esta forma. El problema de esto es que si bien es muy factible enseñar música (y cualquier otra asignatura) de esta forma, todo lo “pedagógico” que se logra al desarrollar un trabajo de forma tradicional (increíble que lo presencial se pueda catalogar de tradicional) se pierde. Esto es un grave defecto que ha transformado a mis clases en tutoriales sobre como lograr aprender un poco de música y a usar adecuadamente diversos instrumentos. El cuestionamiento es claro; ¿Es esto educar a través de la música? No lo creo y esto es bastante extraño pero, dado el contexto social que todos estamos  viviendo; entiendo que no es posible ser exigente con lo que podemos entregar a nuestros alumnos, tema que retomaré al final de este escrito.

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La herramientas tecnológicas son muy variadas y diversas; dándonos múltiples caminos para acercarnos a ellas y utilizarlas en nuestras clases pero, esto es algo que ya se sabía previo a la pandemia. Esto significa que el problema al que nos enfrentamos ahora no tiene directa relación con la tecnología en sí misma, sino con la profundidad pedagógica que se puede lograr a través del adecuado uso de estas y el dominio que los profesores chilenos tienen de estas herramientas. Sí, son solo herramientas. No existen clases hechas que sirvan para educar sin nuestra intervención pedagógica. La tecnología nos permite mantener clases remotas pero aún así es muy difícil que logremos algo significativo de no tener el adecuado acceso a estas herramientas y de no estar capacitados para usarlas. Aquí surge el problema que nos complica a todos… NO TODOS LOS NIÑOS, PROFESORES, COLEGIOS Y APODERADOS TIENEN LOS MISMOS RECURSOS FÍSICOS E INTELECTUALES. Es increíble pero a las personas del MINEDUC parece que se les olvida que este país es mucho más grande que las “casitas del barrio alto”, existiendo lugares donde las desigualdades sociales no permiten que las excelentes herramientas tecnológicas vinculadas a la educación hagan de este año escolar uno que a pesar de las dificultades pueda llevarse a un buen término. Creo, y esto es muy personal; que si el objetivo es educar (con todo lo que este concepto conlleva), una misera priorización de contenidos no es suficiente. No se me hace impracticable el dar por perdido este año y retomar todo en marzo 2021 (si se puede sanitariamente). Obviamente esta idea generaría dificultades pero sin duda es algo practicable.

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Creo que el mayor problema social y que rebota en lo educativo es el factor económico; tema que a este gobierno le fascina y en el que no dejan de tener razón al tratar de cuidar. Esto sin embargo, y como opinión personal; no debe estar por sobre las personas, su calidad de vida y en este caso su calidad de formación. He tenido varias discusiones al respecto con diversas personas y el argumento es claro: “de donde sacamos recursos para sustentar un año escolar perdido”, “que no hay espacios físicos (infraestructura) para concretarlo” y que “esto significaría un año pagado sin trabajar para los profesores”.  Parecieran ser argumentos sólidos desde el lado más pragmático y no dejo de compartir esas preocupaciones, pero siento (y creo) que estos se desmoronan al ver y constatar lo paupérrima que es la calidad de nuestra educación y evidenciar que a final de cuentas yo mismo podría dejar de trabajar en educación ya que mi área no es importante en un sistema que solo potencia conocimientos irreales y enfocados netamente en la competencia y la producción. Las “clases online” perfectamente pueden ser el catalizador que nos hacía falta para entender que tipo de educación estamos otorgando. Todas las falencias que tantos hemos criticado se ven reflejadas en este momento de crisis donde estatalmente solo se busca que “no pierdan el año” o que “no pierdan el ingreso a la universidad” o que “no pierdan  el crédito universitario”. Esto deja en evidencia que la educación chilena no tiene por objetivo educar, sino solo mantenerlos ocupados mientras se perfeccionan en algún trabajo que les permita producir y quizás sobrevivir.  Se que suena muy negativo pero lamentablemente es algo que se ha transformado en una realidad. Se forman trabajadores, no personas y en ese sentido claro que la preocupación económica por sobre el bienestar de las personas tiene peso y un profundo asidero. Es una lástima pero yo insisto que aún es tiempo de enmendar este camino.

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La economía es muy importante para cualquier país y es evidente que se debe proteger, pero la calidad de vida de las personas no puede estar solamente supeditada a esta. Los graves desequilibrios sociales que generaron las grandes protestas del 2019 van a regresar y a pesar de todas las medidas que apunten a salvaguardar la economía nacional, mientras no se superen las profundas desigualdades sociales entre las que se encuentra la educación; este tipo de situaciones (como el contexto pandemia que estamos viviendo) seguirán evidenciando lo precaria de nuestra sociedad.

Humildemente sugiero lo siguiente:

  1. Dar por perdido el año 2020 en educación. No insistan, no mientan. Nadie debe volver este año a clases presenciales.
  2. Debatir en conjunto con el profesorado (Colegio de Profesores) que es lo mejor: Repetir el año 2020 como si no hubiera existido o pasar automáticamente a todos los niveles con todas las implicancias que ambas ideas harían surgir.
  3. Aprovechar ese tiempo (2° semestre 2020) para reestructurar seriamente el tipo de educación que se les está entregando a todos los chilenos. Yo partiría a través de preguntas: ¿que queremos enseñar? ¿que conocimientos son realmente importantes en el diario vivir? ¿vale la pena tener clases artísticas y deportivas? ¿ha funcionado el llenar a los alumnos de contenidos? ¿más burocracia y planificaciones han mejorado nuestra educación?
  4. Perfeccionar durante el 2020 a todos los profesores en tecnología educativa. Vergonzosamente, se me ha hecho evidente que muchos de nosotros no dominamos gran parte de los recursos informáticos que están actualmente a nuestra disposición. Peor aún; trabajamos aislados y compartiendo muy poca de nuestra experiencia hasta con nuestros pares.
  5. Perfeccionar a los docentes en sus respectivas especialidades. Se puede perfectamente aprovechar la ausencia de alumnos para potenciar el desarrollo intelectual y pedagógico de cada docente. Eso justificaría para los que les preocupa el dinero, el pago de sueldos (que en el sistema público ya están cubiertos por el presupuesto nacional).
  6. Invertir en educación. Se hace, pero no tengo dudas de que muchos de esos recursos deben ser mejor administrados ya que se debe asegurar que hayan mayores financiamientos a los establecimientos que no posean una infraestructura adecuada para enfrentar la propuesta de dar por perdido el 2020. Además siempre se pueden mejorar las salarios paupérrimos de una educación que no es vista con la importancia que tiene (o debería tener) a nivel país dado que es una carrera donde se “gana poco”.
  7. Establecer un nuevo sistema de ingreso a las universidades: La PSU no sirve y menos es este contexto actual.
  8. Potenciar un apoyo familiar y psicológico a todos los estudiantes del país. También a los trabajadores de cada establecimiento educacional
  9. De insistir con la idea de mantener clases virtuales durante este año; lo menos que podemos hacer como docentes es no hostigar a los alumnos con tareas y materiales. No es necesario. No nos hace mejores profesores el llenar a los alumnos de tareas o hacerles clases a las 8 de la mañana. No es momento de egos y falta de empatía con nuestros alumnos ni con nosotros mismos.  Esta situación nos afecta a todos.
  10. Vamos a cometer muchos errores. Tanto si continuamos en modo online o damos por finalizado este año esta situación nos llevará a errores pedagógicos involuntarios. Es muy fácil dar respuestas después de ocurridos los hechos por lo que creo que es sano asumir que este es un año inusual, donde todos podemos equivocarnos, pero eso no significa ser negligentes con nuestros deberes profesionales y personales, ni que debamos aceptar que cualquiera se crea con la potestad de opinar frente a la realidad escolar.

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Por el momento, solo queda seguir trabajando online. Es aburrido y deja de tener sentido muy fácilmente. Lo positivo es que al menos permite tener un relativo contacto con los alumnos y colegas pero como herramienta educativa que si bien es funcional; no logra convencerme de lograr el real sentido que yo le exijo a la educación. Quizás es error mio creer que educar es importante para la sociedad. Siempre discuto y defiendo la idea de que la educación es tan importante como salud (por dar un ejemplo, podría ser vivienda o alimentación); pero cada una en su contexto es un aporte fundamental en cualquier sociedad. Es por ello que no creo que deban ser una más que la otra, sino más bien complementarse. Seguro que médicos mejores educados, serían aún mejores y más responsables socialmente; y que decir de nosotros…. hay Profesores que teniendo la responsabilidad de formar a futuros adultos dejan mucho que desear tanto en lo profesional como en lo personal. Esto se resume en graves problemas de empatía y egos que finalmente no que ayudan a nadie y fomentan, aún más en tiempos de crisis; lo deteriorada de nuestra educación y como consecuencia de la sociedad.

Todavía creo que aún se puede hacer algo por mejorar lo que les transmitimos a los alumnos, con o sin Covid-19. Aún es tiempo. Yo no tengo todas las respuestas ni las pienso tener, y este escrito está muy lejos de aquello; pero espero que al menos sea un ejemplo de lo que vive y piensa un docente cualquiera en medio de esta crisis sanitaria que afecta a Chile y a todo el mundo.

 


  • Nota: Aprovecho de compartir para los que les sea útil y/o divertido, este pequeño recurso pedagógico que desarrollé hace algunos años: http://www.cocreacionmusical.cl/

 

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